Hubo una vez, hace mucho, mucho tiempo, un pequeño globo que inflado con aire caliente flotaba en el aire, bailando al son del viento, hacia arriba, hacia abajo... hacia los lados...
Siempre estaba en movimiento. Y eso es lo que hacía feliz a la niña que lo llevaba de su mano, atado con una fina cuerda de hilo: tenía un globo que la entretenía, que la hacía reir cuando estaba triste, que la hacía llorar a veces cuando el globo no se movía todo lo que ella quería... pero que siempre estaba ahí, junto a su mano.
Alguna vez estuvo a punto de pincharse...! imagina el disgusto que habría tenido la pequeña! había llegado a pasar miedo de perderlo, pero al crecer empezó a perderlo, a pensar que en la tienda siempre encontraría más globos como el suyo, y dejó de preocuparle por ello.
Un día quiso hacer algo diferente, sin el globo. Lo soltó de su muñeca y lo dejó atado fuertemente junto a un parque frente a su casa. Y se fue sin él.
Cuando volvió, el globo ya no estaba... La niña se puso muy muy triste... nunca supo si pensó que lo tenía bien atado pero se soltó, y voló y voló hasta desaparecer entre las nubes, o si pasó otra niña como ella y se lo llevó pensando que ella también podría ser feliz con él.
Pasó el tiempo y la niña no quiso tener otros globos... Quería el suyo. Un día creyó verlo pasar volando junto a su ventana y quiso esperar a ver si volvía. Y esperó. Salía a pasear mirando hacia las nubes, buscandolo, esperando que una ráfaga de viento lo llevase a sus manos de nuevo.
Un día, sin esperarlo, mientras iba camino del casa, despues de un duro día de estudio, el globo pasó por fin de nuevo junto a ella tan solo unos metros más adelante. Ella quedó inmóvil, no supo que hacer. Tuvo miedo de echar a correr para atraparlo y que el viento se lo llevase. Pero también temió que de repente el aire cambiase de dirección y lo volviese a perder. El tiempo había hecho que la cuerda con la que la niña lo sujetaba se hubiese gastado y fuese más corta. Atraparlo sería dificil.
Le entró miedo. Y no hizo nada. Espero que el globo se acercase más a ella, hasta tenerlo a su alcance, para entonces atraparlo con fuerza y no volver a soltarlo. Pero a medio camino vino una ráfaga de aire y se lo volvió a llevar....
La niña quedó triste, abatida, decepcionada de si misma por no haber corrido cuando pudo hacerlo para itentar atraparlo, intentar recuperarlo. Se puso a llorar. Sigió caminando hacia casa y al llegar se tumbó en el césped del jardín de casa, pensativa, llorosa aún... pensando en su globo que voló de nuevo.
Pero entonces abrió los ojos. Miró al cielo para despedirse de él y.. oh! que sorpresa se llevó! vio como pasaban varios globos volando en diferentes direccioness... Debían haberse escapado de la feria del pueblo! Claro! Hay montones de ellos! Eran más bonitos, bailaban sutilmente al son de las ramas de los árboles y del viento. Volvió a sonreir porque entendió que esos globos que debían haber hecho felices a otras niñas ahora estaban devolviendole la sonrisa a ella. Y pensó que talvez su globo haría sonreir a otras niñas que también lo necesitarían. Y eso la llenó de orgullo y felicidad. Se levantó enseguida y empezó a correr hacia casa de su mejor amiga para enseñarselos.
Cuándo vuelva a pasar un globo tan bonito como el que tuvo una vez ya no se lo pensará: echará a correr detrás de él para intentar cogerlo y disfrutar con él. Y si se vuelve a escapar, sabrá que hará feliz a alguien como ella. Y seguirá corriendo detrás de los globos que pasen por delante con la misma ilusión del primero. Hasta encontrar uno lo suficientemente bonito y diferente como para llevárselo a casa y cuidarlo para siempre.........
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